Después de esta sesión, he logrado reflexionar y dar más importancia a cosas que tal vez para mí no eran tan importantes, pero que en realidad lo son. Les comparto mis respuestas:
1. Lo que yo espero que el niño más latoso de la catequesis me diga, es que quiere conocer más a Dios, que quiere ser amigo de Jesús y que quiere hablar más seguido con Él porque lo necesita.
2. Lo que jamás quisiera que me dijera un niño de la catequesis, es que ya no quiere asistir, que se aburre o que no quiere conocer ni seguir a Dios.
3. Me gustaría responder con amor y responsabilidad al don de la catequesis que Dios me ha dado. En ocasiones, no me acuerdo de responder de esta manera, así que me propongo responder como Dios espera que lo haga, responder con fidelidad, amor, respeto, responsabilidad y sinceridad a tan grande y bello don.
4. Mi principal función como catequista es que mis catequizados tengan un encuentro con Jesús, que logren tener una relación con el Padre, dejándose guiar por el Espíritu Santo. Mi principal función es ser instrumento de Dios para que Él toque los corazones de los niños y que ellos realmente quieran seguir sus pasos.
5. Un buen catequista es el que AMA a todos, sin importar si es o no correspondido. Como dijo el Papa Francisco hace
unos días aquí en México: rezar por los que queremos, por los que no
queremos y por los que nos han hecho daño. Un buen catequista es el que imita a Jesús y el que recuerda y pone en práctica que él, catequista, vino al mundo para vivir plenamente con Dios.
6. Considero que mis catequizados, habitualmente son niños que se interesan por lo que están aprendiendo, aunque también muchas veces se distraen y no logran captar ciertos mensajes. A mí como catequista me corresponde responder por esos pequeños, responsabilizarme de ellos y no responder como Caín.
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